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miércoles, 2 de noviembre de 2011

El éxito en los niños

Hay algunos niños que tienen poca ocasión de saborear el éxito, esa sensación que nos invade al terminar una tarea bien hecha. Y allí donde consiguen algo, a menudo no experimentan una auténtica satisfacción, sea porque el éxito haya sido demasiado fácil de alcanzar, sea porque nosotros, los padres, les quitamos demasiadas piedras del camino.

¿Cómo viven actualmente ciertos niños? No les faltan juguetes, ni dulces, ni entretenimientos, ni amor, ni dedicación.

Lo tienen todo incluso antes de pedirlo. Comparado con los niños de antes, viven en una especie de Jaula, donde los cochecitos y las muñecas se apilan en los estantes, los armarios están llenos de ropa y en la cocina nunca faltan galletitas. ¿Por qué, entonces, se muestran tantas veces insatisfechos, caprichosos, ariscos? Porque les ocurre lo mismo que a Adán y Eva en el paraíso: se aburren.

Claro que esto no quiere decir que serían más felices sin juguetes, comida y amor. Pero también es verdad que no produce la misma satisfacción comerse una tableta de chocolate comprada en el kiosco, que fabricarse uno mismo caramelos, con azúcar, cacao y manteca derretida. Y los niños que se construyen ellos solos un carro de madera juegan más contentos y se sienten más importantes que aquellos que telediri-gen un sofisticado coche.

Porque ellos necesitan esforzarse en la medida necesaria, utilizar al máximo su potencial de actividad para ser felices.

lunes, 24 de octubre de 2011

Que el niño se sienta importante


Desgraciadamente, no se puede decir que nuestras escuelas normales hayan acogido estas ideas con mucho entusiasmo. Sin embargo, aun así un buen profesor sabe que sólo un alumno que conoce el éxito es un alumno contento (y por tanto, motivado), y que hay que tomar medidas si alguna vez este éxito no se presenta por la vía habitual de las notas.

Así, le ofrecerá al pequeño alumno otras oportunidades para sentirse importante; por ejemplo, encargándole el cuidado de las plantas del aula; o si el niño es mayor, la organización de una excursión.

La experiencia del éxito no existe en el vacío; antes de saborearla hay que realizar una actividad. El que alguna vez haya probado «no hacer nada», se habrá dado cuenta rápidamente de que el paraíso terrenal, donde el hombre aún no tenía la obligación de trabajar con el sudor de su frente, debe haber sido, en realidad, un lugar tremendamente aburrido y la expulsión más bien un acto de piedad divina.

Los adultos obtenemos la mayor parte de nuestras vivencias de éxito a través del trabajo. Los que carecen de él no sólo sufren la falta de un sueldo, sino también la falta de opor- ^ tunidades de éxito. Por la misma razón, un jubilado, para sobrevivir a su jubilación, necesita tener un hobby. No i «estar ocupado en algo» sino realizar una actividad —útil o creativa— que le proporcione una satisfacción parecida a las vivencias de éxito en su época activa.

lunes, 17 de octubre de 2011

Niños, la importancia de ser importante

"Yo era un estudiante miserable", cuenta un viejo maestro de escuela, hoy ya jubilado y con varios nietos, «hasta tal punto que en el Bachillerato repetí un año dos veces. Así andaba, con la espalda encorvada por el peso de la pubertad y la sensación de ser un fracasado. Lo único que preservaba, al menos en parte, mi autoestima era mi recién descubierta habilidad para volver a hacer funcionar planchas fundidas, lámparas rotas y radios enmudecidas. Era un barrio muy pobre, en el que no se encontraban fácilmente especialistas ni repuestos. El hecho de que todos los vecinos me buscaran -recompensándome a veces incluso con un poco de chocolate- era un bálsamo para mi alma».

El principio que hay detrás de esta experiencia de un viejo maestro juega un papel importantísimo en la pedagogía de todos los grandes reformadores de la educación. Es la sencilla máxima de que un niño necesita sentirse importante, es decir, que no puede existir sin la experiencia de tener éxito al menos en alguna de sus actividades. Y si no lo obtiene en los estudios, hay que proporcionárselo por otras vías.

Por ello, en las instituciones de estos grandes pedagogos siempre se realizan actividades al margen de las asignaturas puramente académicas: música, teatro, danza, deportes, trabajos manuales... un amplio campo para cosechar éxitos, porque cualquier niño posee algún talento o sabe hacer algo especialmente bien.