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domingo, 19 de junio de 2011

Desencuentros y dramas con hijas adolescentes


Es frecuente que, aun con la mejor intención, muchas mamas de hijas adolescentes digan una cosa, hagan otra y en el fondo de su corazón sientan algo totalmente distinto. Y un caso claro es el de los límites y las salidas. La madre dice que después de todo está bien, que su hija está grande y no la perseguirá con la cuestión de los horarios. Pero lo que hace es ocultarle que la noche anterior estuvo muy angustiada porque eran las 12 y aún no había llegado. Y lo que siente auténticamente sólo aflorar aunque disfrazado) cuando la regañ porque estuvo una hora pegada al teléfo no o dejó la ropa tirada por el piso.

Complicado, ¿no? Como la vida misma. Pero lo contrario sólo existe en la novelas de nuestra infancia, en aquella Mujercitas que leíamos y releíamos 3 que tan poco tiene que ver con la vida de hoy.

También es común imaginar que nuestras hijas no tendrán nada que reprocharnos, ya que nosotras les estamos proporcionando una imagen de mujei más actualizada y moderna que aquella que nosotras vimos en nuestras madres. Sin embargo, una excursión por la realidad nos puede demostrar rápidamente cuan ilusorias son esas fantasías.

En efecto, es muy fácil comprobar cómo la jovencita que tiene una madre activa, profesional y autosuficiente en materia económica, se queja de que "mamá nunca está en casa cuando la necesito; en cambio, la 'vieja' de Laura es brutal, siempre nos espera con alguna torta cuando caemos por su casa''. Y entretando, la mencionada Laura se lamentará de que su madre sea ' 'sólo una ama de casa, tan tradicional, tan quedada".

Por aquí y por allá, los ejemplos abundan.

• La madre se queja de que su hija nunca colabora con las tareas de la casa. La hija protesta porque -según ella- cada vez que intenta meterse en la cocina su mamá está "encima' de ella y no le permite hacer las cosas a su modo.

• Si la madre es coqueta, atractiva y no sabe hacerse discretamente a un lado, la hija se sentirá invadida y se lamentará amargamente de que "mi vieja está siempre metida en mis reuniones; a todos mis amigos les parece encantadora porque no la han visto en su papel de bruja". Y si la hija suele andar desaliñada y "rotosa" -algo quea mamá le pone los pelos de punta-, bastará que un día ambas salgan juntas para que aun asila madre reciba el fatídico piropo de "suegra' '. Y entonces la confusión, el malentendido, volverán a reinar entre ambas.

¿Es que no hay salida?

viernes, 9 de octubre de 2009

madres hijos

madres hijos
Nadie puede reemplazar el afecto, la calidez y el respeto con que los padres podemos hablar con nuestros hijos, pero otras fuentes como la escuela, un libro o un profesional especializado puede brindarle información más organizada y precisa. Los valores éticos y religiosos de la familia son la mayor influencia sexual de los chicos y la ignorancia no protege al adolescentes ni lo ayuda a responsabilizarse por su vida sexual.

Tampoco es aconsejable entrar con ellos al consultorio. No son bebés. Respetemos su privacidad. No sólo las muchachas deben concurrir a un profesional en sexualidad, los varones también necesitan hacerlo. La fantasía popular es que como no son ellos los que quedan embarazados, no hace falta la consulta. Sin embargo, en la concepción hombre y mujer son responsables.

La sexualidad debe ser ejercida con madurez, no sólo por la enorme responsabilidad que implica traer un hijo al mundo sino porque el fantasma del Sida y de muchas otras enfermedades no mortales pero molestas están presentes.
El diálogo es vital para que una relación sea sana, pero la buena comunicación no debe confundirse con libertad total. Los buenos padres son aquellos que logran establecer un equilibrio entre la libertad y los límites. El autoritarismo, en cambio los impulsa al riesgo sólo por llevar la contra y desafiamos.
El momento de ejercer la sexualidad es una opción personal. Hay que apoyarlos para que sepan tomar decisiones propias y darles la posibilidad de mirar su realidad con distintos lentes